El exceso de grasa en el hígado puede avanzar durante años sin síntomas evidentes y asociarse con complicaciones metabólicas y cardiovasculares. Especialistas recomiendan mantener hábitos saludables y realizar controles médicos según los factores de riesgo.
El hígado cumple funciones esenciales para el organismo, entre ellas procesar nutrientes, producir bilis, almacenar energía y metabolizar medicamentos y otras sustancias. Sin embargo, algunas enfermedades hepáticas pueden desarrollarse de manera silenciosa y avanzar antes de que aparezcan señales de alerta.
Una de estas condiciones es la esteatosis hepática, conocida como hígado graso, que consiste en la acumulación excesiva de grasa en este órgano. Su evolución puede relacionarse con factores como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo, la diabetes tipo 2 y el consumo nocivo de alcohol.
En algunos casos, la enfermedad puede progresar hacia inflamación, fibrosis, cirrosis y, en determinadas circunstancias, cáncer de hígado. La detección temprana y el tratamiento adecuado pueden ayudar a reducir el riesgo de complicaciones, aunque las posibilidades de recuperación dependen de la causa y del grado de daño hepático.
La relación entre el hígado y la salud cardiovascular
La acumulación de grasa en el hígado suele coexistir con alteraciones metabólicas que también incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Entre ellas se encuentran los niveles elevados de glucosa y colesterol, la hipertensión y la resistencia a la insulina.
El cardiólogo Juan Camilo García, especialista de la Clínica Iberoamérica de Barranquilla, explicó que el hígado desempeña un papel importante en el procesamiento de las sustancias que circulan por la sangre y en el equilibrio metabólico del organismo.
El especialista también señaló la importancia de evaluar factores de riesgo desde edades tempranas, sin esperar a que aparezcan síntomas. Los controles de colesterol y glucemia deben ajustarse a los antecedentes personales, la edad y las condiciones de salud de cada paciente.
Aunque algunas enfermedades hepáticas no producen molestias en sus primeras etapas, síntomas como cansancio persistente, dolor abdominal, hinchazón o color amarillento en la piel y los ojos requieren valoración médica. No obstante, estas señales pueden aparecer por distintas causas y no confirman por sí solas la presencia de hígado graso.
Hábitos y controles para reducir los riesgos
Entre las recomendaciones para proteger la salud hepática y cardiovascular se encuentran mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de forma regular y evitar el consumo nocivo de alcohol.
Las principales medidas de prevención incluyen:
- Alimentación equilibrada: priorizar verduras, frutas, proteínas magras, legumbres y cereales integrales, y limitar el consumo de bebidas azucaradas y alimentos con alto contenido de grasas saturadas.
- Actividad física: procurar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, de acuerdo con las condiciones y capacidades de cada persona, e incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular.
- Descanso adecuado: mantener horarios regulares de sueño y procurar entre siete y nueve horas de descanso en la mayoría de los adultos.
- Evitar sustancias perjudiciales: reducir los riesgos asociados al consumo de alcohol y evitar el uso de sustancias psicoactivas. También es importante no automedicarse ni utilizar suplementos sin orientación profesional.
- Controles médicos: consultar a un profesional de salud para determinar si se requieren análisis de sangre, pruebas de función hepática u otros estudios, según los antecedentes y factores de riesgo.
Las pruebas de laboratorio y las imágenes diagnósticas pueden ayudar a detectar alteraciones, pero su necesidad debe definirse de manera individual. Tener sobrepeso u obesidad no significa que todas las personas requieran los mismos exámenes.
La prevención de las enfermedades hepáticas requiere atención a los hábitos cotidianos y seguimiento médico cuando existen factores de riesgo. Identificar las alteraciones a tiempo permite establecer medidas de tratamiento y reducir la posibilidad de complicaciones que afecten tanto al hígado como al sistema cardiovascular.


