El ruido dejó de ser una simple molestia cotidiana para convertirse en un problema de salud pública. Según cifras oficiales, el 71% de las llamadas al 123 en Colombia corresponden a denuncias por ruido, lo que refleja la magnitud de un fenómeno que afecta el bienestar físico y emocional de millones de ciudadanos.

Con la reciente aprobación de la Ley contra el Ruido, todos los municipios del país tienen la obligación de implementar planes de gestión contra la contaminación auditiva en un plazo menor a 12 meses. Los alcaldes y concejos municipales deberán diagnosticar, identificar fuentes críticas y diseñar estrategias de mitigación.

Daniel Carvalho, líder del proceso pedagógico de implementación de la norma, señaló que el reto es inmenso:

“Ya empezamos una labor pedagógica, asistiendo a foros, capacitaciones con la policía, administradores de propiedad horizontal y funcionarios públicos. No se trata solo de sancionar, sino de construir soluciones”.

En Medellín, por ejemplo, ya funciona un piloto con 300 comerciantes nocturnos, quienes reciben asesoría técnica para mejorar sus instalaciones y reducir la emisión de ruido sin afectar su actividad económica.

Fuentes diversas, soluciones diferenciadas

El ruido tiene múltiples orígenes: vecinos que elevan el volumen de la música, discotecas y bares que proyectan sonido hacia la calle, motocicletas con escapes modificados, tráfico urbano y perifoneo de vendedores ambulantes. Cada caso requiere estrategias específicas y articulación interinstitucional.

La Universidad de Medellín también se ha vinculado a esta causa con investigaciones y mediciones. En el marco de la Semana de la Sostenibilidad G8+, la institución incluyó el Foro Ruido y Salud, donde autoridades ambientales, académicos y líderes comunitarios analizaron los impactos de esta problemática en la calidad de vida.

Además, el Centro de Laboratorios de la Universidad realizó monitoreos de ruido en el campus con sonómetros calibrados para evaluar los niveles de decibeles y proponer estrategias de mitigación.

“El ruido afecta a las comunidades y debe ser tratado como una prioridad ambiental y de salud pública. Nuestros estudios son un insumo para la formulación de estrategias locales de control y prevención”, explicó Felipe Henao Naranjo, director técnico del área calidad ambiental de aire del Centro de Laboratorios.

Impacto en la salud

La contaminación auditiva está asociada a enfermedades como estrés, insomnio, problemas cardiovasculares y de concentración. La Organización Mundial de la Salud recomienda que el nivel de ruido ambiental no supere los 65 decibeles durante el día y 55 en la noche; sin embargo, en ciudades como Medellín y Bogotá estos niveles son fácilmente superados en zonas de alta movilidad y actividad nocturna.

El reto para las alcaldías

El desafío ahora está en la gestión pública. La construcción de planes integrales será la herramienta para que los ciudadanos puedan exigir acciones concretas contra el ruido.

“Los alcaldes no podrán ignorar el problema; el cumplimiento de la ley será clave para recuperar la tranquilidad ciudadana”, concluyó Carvalho.