Siguen conociéndose declaraciones y posturas frente a la propuesta que busca reducir el salario de los congresistas en Colombia, una iniciativa que ha tomado fuerza en el debate público durante la actual legislatura y que vuelve a instalar en la agenda nacional la discusión sobre austeridad, equidad y confianza institucional.
Actualmente, los congresistas colombianos perciben ingresos mensuales que superan los 40 salarios mínimos legales vigentes, una cifra que ha sido señalada como desproporcionada frente a la realidad económica del país, donde amplios sectores de la población subsisten con ingresos cercanos al salario mínimo. Esta diferencia ha sido uno de los principales argumentos de quienes respaldan la iniciativa.
Presidente @gustavopetro, esta es una buena noticia para Colombia. Reducir el salario de los congresistas es un mensaje claro: el poder público debe dar ejemplo.
No es un castigo político. Es un acto de justicia frente a millones de colombianos que trabajan todo el mes y aun así…
— Julián López (@Julianlopezte) January 20, 2026
De acuerdo con indicadores del Coeficiente de Gini, Colombia se mantiene entre los países con mayores niveles de desigualdad en América Latina, una condición que ha sido reiterada por organismos como el Banco Mundial y el DANE, que advierten sobre la persistencia de la pobreza multidimensional y la concentración del ingreso.
En este contexto, diversos sectores políticos y sociales han señalado que la reducción del salario de los legisladores no solo tendría un impacto fiscal, sino que también enviaría un mensaje simbólico sobre la necesidad de coherencia entre el ejercicio del poder público y las condiciones económicas de la ciudadanía.
No es la primera vez que se intenta avanzar en este tipo de reformas. Iniciativas similares han sido presentadas en legislaturas anteriores, aunque han enfrentado obstáculos jurídicos y falta de consensos políticos para su aprobación. No obstante, en el actual periodo legislativo el respaldo a la propuesta ha aumentado, impulsado por un ambiente de mayor presión ciudadana y exigencias de transparencia.
Mientras el debate continúa en el Congreso, la discusión sigue abierta en la opinión pública, donde se confrontan posturas sobre el alcance real de la medida, su viabilidad jurídica y su impacto en la percepción de legitimidad de las instituciones democráticas.



