El mundo despide a una leyenda de la justicia social. Jesse Jackson, figura fundamental del movimiento por los derechos civiles en la década de 1960 y pionero político, falleció este martes a los 84 años. Según informó su familia a través de un comunicado oficial, el líder activista partió pacíficamente rodeado de sus seres queridos. Su deceso marca el fin de una era para la política estadounidense, dejando un legado inquebrantable de lucha por la igualdad, la libertad y la dignidad humana a nivel global.
Aunque las causas exactas de su muerte no han sido detalladas, se sabía que Jackson enfrentaba una batalla contra la parálisis supranuclear progresiva, una enfermedad degenerativa que le fue diagnosticada tras una hospitalización en noviembre pasado. Como protegido de Martin Luther King Jr., Jackson dedicó su vida a la organización política y a mejorar la calidad de vida de las comunidades afroamericanas. Su voz se convirtió en un referente nacional, especialmente durante sus dos históricas campañas por la Casa Blanca, donde desafió las estructuras tradicionales de poder.
El impacto de Jackson en la democracia estadounidense es incalculable, pues fue el primer afroamericano en alcanzar un éxito electoral significativo dentro de un partido importante. Este hito no solo rompió barreras raciales en las urnas, sino que allanó el camino para futuras figuras políticas de la talla de Barack Obama y la actual vicepresidenta Kamala Harris. Su visión de una «Coalición Arcoíris» buscaba unir a los sectores más pobres y a la clase trabajadora, sin distinción de etnia, en torno a un programa de progreso social.
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Diversas personalidades han rendido tributo a su memoria, destacando su capacidad para articular un discurso sobre la democracia multirracial en momentos de profunda división. Durante un homenaje reciente, figuras como Bernie Sanders resaltaron que Jackson fue el primero en obligar al Partido Demócrata a mirar hacia las minorías y los marginados con una agenda progresista real.



