En muchos colegios de Colombia, el sonido del timbre que marca el final de la jornada escolar no significa necesariamente que el día haya terminado. Para miles de niñas, niños y adolescentes, ese momento marca el inicio de otra actividad: el deporte.

Los cuadernos se guardan en el bolso y el patio del colegio se transforma en una cancha. Allí comienza la Jornada Deportiva Escolar Complementaria, un programa que busca que el tiempo libre de los estudiantes también sea un espacio para moverse, jugar y aprender a través de la actividad física.

La iniciativa está dirigida a estudiantes entre los 3 y los 17 años en instituciones educativas de distintas regiones del país.

El deporte como parte de la vida escolar

Más allá de los documentos y las cifras oficiales, el programa se entiende mejor en la práctica: cuando un balón empieza a rodar en el patio de un colegio o cuando un estudiante descubre que, después de clases, todavía hay tiempo para correr, entrenar o practicar un deporte.

Ese escenario se repite todos los días en la Institución Educativa José María Córdoba, ubicada en el municipio de Guamal, Meta, donde el deporte se ha convertido en una extensión natural de la jornada escolar.

Entre aulas, pasillos y amplios espacios verdes se mueven cientos de estudiantes que, tras terminar sus clases, encuentran en el deporte una nueva forma de aprendizaje.

Helen Sofía, una niña que sueña con el voleibol

Entre ellos está Helen Sofía López Díaz, una estudiante de 11 años que participa en la Jornada Deportiva Escolar Complementaria y que ya tiene claro uno de sus mayores sueños: convertirse en jugadora de voleibol.

Con una sonrisa tranquila y una seguridad que sorprende para su edad, Helen explica lo que significa el deporte en su vida.

“Los niños tenemos que estudiar, sí, pero también debemos sacar tiempo para el deporte. Es una actividad que nos ayuda a ser más responsables y mucho más saludables”, afirma.

Para ella, las tardes de entrenamiento no solo representan diversión, sino también una oportunidad para crecer y aprender disciplina.

El apoyo de la familia

Mientras Helen habla, su madre, Paola Díaz, la observa con orgullo. Para ella, el deporte también se ha convertido en una herramienta importante para la formación de su hija.

“Como papás es muy importante encontrar espacios para nuestros hijos. Que en su tiempo libre puedan hacer actividades que los alejen de cosas negativas y los acerquen a algo positivo para su vida”, señala.

También destaca el papel que cumplen este tipo de programas en las comunidades.

“Por eso apoyo mucho sus ganas de ser deportista y agradezco que existan programas que incentiven estas oportunidades”, agrega.

Inversión para fortalecer el deporte escolar

Historias como la de Helen se replican en distintas regiones del país y son parte de la apuesta del Gobierno Nacional por fortalecer el deporte escolar.

Durante el lanzamiento de la oferta de Deporte Escolar 2026, realizado en Villavicencio, se anunció una inversión de 115 mil millones de pesos destinada a impulsar dos de los programas más importantes en este ámbito:

  • Juegos Intercolegiados Nacionales

  • Jornada Deportiva Escolar Complementaria

En el caso de este último programa, se proyecta la creación de 1.000 Centros de Interés distribuidos en diferentes regiones del país.

En estos espacios, formadores deportivos desarrollarán sesiones de actividad física y entrenamiento que beneficiarán a más de 100.000 niñas, niños y adolescentes.

Más que deporte: una oportunidad para crecer

Detrás de las cifras hay historias como la de Helen, estudiantes que encuentran en el deporte un espacio para aprender disciplina, hacer nuevos amigos y construir sueños.

En colegios como el José María Córdoba de Guamal, el deporte no solo ocupa el tiempo libre después de clases. También se convierte en una oportunidad para crecer y abrir nuevos caminos.