En política, los ataques desesperados suelen revelar más temor que fortaleza. Y eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo con la reciente tendencia digital “#CuidadoConPaloma”, impulsada desde sectores cercanos al petrismo en redes sociales, en un intento evidente por golpear anticipadamente la imagen de la senadora y precandidata presidencial Paloma Valencia.

La estrategia no nació de la nada. Todo se desencadenó luego de la circulación de una encuesta divulgada por el periodista Jorge Hernán Peláez, en la que Paloma Valencia aparece imponiéndose en un eventual escenario de segunda vuelta presidencial. Un dato que, guste o no, comenzó a mover las fibras de la conversación política nacional.

Y fue justamente ahí donde aparecieron las bodegas digitales.

El libreto es conocido: convertir una tendencia en un mecanismo de miedo. Asociar a un candidato con amenazas, retrocesos o peligros para tratar de influir emocionalmente en el electorado. Una estrategia que durante años ha utilizado la polarización política en Colombia y que hoy vuelve a repetirse, esta vez bajo la etiqueta de “#CuidadoConPaloma”.

Sin embargo, la política digital tiene algo que muchos estrategas todavía no entienden: el exceso de ataques puede producir el efecto contrario.

Lo que pretendía convertirse en una campaña de desprestigio terminó amplificando el nombre de Paloma Valencia en redes sociales y posicionándola aún más en la conversación pública. Millones de usuarios que quizás no estaban pendientes de la encuesta ahora hablan de ella, buscan sus propuestas y discuten su eventual aspiración presidencial.

En otras palabras: el petrismo terminó haciéndole campaña gratis.

La historia política reciente demuestra que cuando un sector concentra todos sus esfuerzos en destruir anticipadamente a un rival, suele enviar un mensaje involuntario pero poderoso: “ese candidato sí representa un riesgo electoral”. Y eso parece ser lo que está ocurriendo.

Porque si una tendencia nacional nace únicamente para intentar frenar a una dirigente política, es porque claramente comienza a generar preocupación en sectores del oficialismo.

La paradoja es evidente. Mientras intentaban advertir “cuidado con Paloma”, terminaron instalando su nombre en el centro del debate nacional.

Y en política, quien domina la conversación pública ya lleva ventaja.

Más allá de simpatías ideológicas, Colombia necesita debates serios, argumentos y confrontación de ideas, no campañas de miedo disfrazadas de activismo digital. El electorado está cada vez más cansado de las bodegas, de los ataques coordinados y de las narrativas construidas desde el odio político.

Al final, las urnas no se mueven por hashtags. Se mueven por credibilidad, liderazgo y percepción ciudadana.

Y si algo dejó esta tendencia es una pregunta incómoda para el petrismo: ¿realmente querían debilitar a Paloma Valencia… o terminaron fortaleciéndola?