Que un niño practique deporte suele ser una excelente noticia para su salud física y emocional. La actividad física fortalece habilidades motoras, mejora la socialización y promueve valores como la disciplina y el trabajo en equipo. Sin embargo, especialistas advierten que el problema aparece cuando el entrenamiento deja de ser formativo y comienza a manejarse como si el menor fuera un deportista profesional de alto rendimiento.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), niños y adolescentes entre los 5 y 17 años deberían realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa, además de ejercicios para fortalecer músculos y huesos varias veces por semana.
No obstante, expertos en entrenamiento deportivo señalan que más horas de práctica no siempre significan mejores resultados.
“El riesgo no depende solamente del número de horas, sino de si la carga es proporcional a la edad, la maduración y el bienestar del niño”, explicó Jhony Arroyo, director del programa de Entrenamiento Deportivo de Areandina, sede Valledupar.
Según el especialista, una de las principales señales de alerta aparece cuando el deporte comienza a afectar aspectos fundamentales como el sueño, el rendimiento escolar, el tiempo en familia o incluso la motivación del menor.
“Si el entrenamiento le quita al niño el gusto por practicar deporte, ya no estamos formando: estamos forzando”, advirtió.
Especialistas en medicina deportiva pediátrica suelen aplicar una regla preventiva: procurar que las horas semanales de entrenamiento organizado no superen de forma sostenida la edad del menor. Es decir, un niño de 10 años no debería entrenar regularmente más de 10 horas por semana, especialmente si participa en competencias frecuentes o repite constantemente los mismos movimientos físicos.
Los expertos alertan que el sobreentrenamiento puede provocar lesiones musculares, fracturas por estrés, agotamiento físico, ansiedad, irritabilidad y rechazo hacia la actividad deportiva.
Entre las señales que podrían indicar una sobrecarga aparecen:
- dolor persistente,
- cansancio constante,
- bajo rendimiento,
- alteraciones del estado de ánimo,
- problemas de sueño,
- o afectaciones en el desempeño escolar.
Otro de los riesgos señalados es la especialización temprana en un solo deporte, especialmente antes de los 12 años, ya que repetir de manera intensiva los mismos movimientos aumenta la posibilidad de lesiones por sobreuso y desgaste emocional.
Los especialistas recomiendan combinar distintas actividades físicas, mantener espacios de juego libre y garantizar tiempos adecuados de descanso.
“El descanso también hace parte del entrenamiento”, subrayó Arroyo, quien explicó que los menores deberían tener uno o dos días semanales sin cargas deportivas intensas.
El sueño también cumple un papel fundamental en la recuperación física. La Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda entre 9 y 12 horas de descanso para niños entre 6 y 12 años, y entre 8 y 10 horas para adolescentes.
Finalmente, expertos coinciden en que el verdadero desarrollo deportivo infantil no debe medirse únicamente por resultados o cantidad de entrenamiento, sino por procesos saludables que respeten el crecimiento físico, emocional y social de los menores.


