El desarrollo de habilidades como la creatividad, la empatía, la resolución de problemas y la capacidad de tomar decisiones ha adquirido mayor relevancia dentro de los procesos educativos. En Colombia, algunas instituciones han incorporado estas competencias desde los primeros años de formación como complemento de las áreas académicas tradicionales.

La curiosidad por comprender el entorno, formular preguntas, crear y relacionarse con otras personas aparece desde la primera infancia. Estas capacidades pueden convertirse, con acompañamiento educativo, en herramientas asociadas con la autonomía, el pensamiento crítico y la convivencia durante la etapa escolar.

Según los resultados de Colombia en las pruebas PISA de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), citados en el material de esta iniciativa, el 83 % de los estudiantes evaluados manifestó mantener una alta curiosidad por explorar diferentes temas en su vida cotidiana.

El fortalecimiento de las denominadas habilidades blandas también ha sido objeto de diferentes investigaciones. De acuerdo con estudios citados por el programa educativo, investigaciones de la Fundación Botín han encontrado efectos positivos del trabajo de la inteligencia emocional en niños entre los 5 y 9 años, particularmente en aspectos relacionados con la empatía.

Asimismo, el material atribuye a la Society for Research in Child Development resultados según los cuales el desarrollo de habilidades como la creatividad puede estar asociado con mejoras en el rendimiento académico. Estas conclusiones corresponden a investigaciones y deben interpretarse de acuerdo con las características y metodologías de cada estudio.

Creatividad, tecnología y toma de decisiones

En este contexto, el Vermont School, en Medellín, desarrolla el programa denominado ‘Vermont Skills’, una propuesta que incorpora actividades relacionadas con creatividad, innovación y desarrollo socioemocional dentro de las dinámicas académicas.

De acuerdo con la institución, los estudiantes participan en proyectos de ciencia, actividades tecnológicas, propuestas artísticas y prácticas deportivas que buscan trabajar aspectos como la resolución de problemas, la disciplina, la colaboración y la autorregulación.

Jay Subramanian, rector del colegio, explicó que el propósito es complementar la formación académica con herramientas que permitan a los estudiantes afrontar diferentes escenarios.

“Las habilidades técnicas cambian muy rápido, pero la capacidad de adaptarse se queda para siempre. La tecnología realiza tareas con velocidad, pero no sustituye el criterio, la empatía ni la capacidad de decidir con sentido ético”, afirmó.

La propuesta incluye componentes de ciudadanía global, humanidades y artes, deportes y STEM, sigla en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

En preescolar, las actividades están orientadas a experiencias sensoriales y lúdicas relacionadas con la observación, la exploración y el trabajo colectivo. Posteriormente, el modelo cambia de acuerdo con la edad de los estudiantes.

Según la institución, durante los primeros años los alumnos tienen contacto con diferentes áreas para explorar disciplinas y desarrollar intereses. En etapas posteriores, los estudiantes pueden escoger líneas de profundización relacionadas con campos como robótica, música, artes o deportes.

La ciudadanía global también hace parte del modelo y busca incorporar temas relacionados con liderazgo, responsabilidad y convivencia. En las actividades planteadas por el colegio se promueve además que los estudiantes trabajen en equipo, comuniquen sus ideas y afronten procesos de prueba y error al desarrollar soluciones.

El debate sobre las habilidades blandas en la educación plantea así la necesidad de complementar los conocimientos académicos con competencias sociales y emocionales que pueden ser utilizadas por los estudiantes tanto durante su formación como en diferentes escenarios de su vida adulta.