La historia de Brayan Triana demuestra cómo la perseverancia y el apoyo familiar pueden cambiar el rumbo de una vida. Lo que comenzó como una obligación terminó llevándolo a cuatro Juegos Paralímpicos y a convertirse en uno de los grandes exponentes de la natación paralímpica del país.

Durante años, Brayan Triana asistía a la piscina sin ningún interés por entrar al agua. Mientras su madre entrenaba, él simplemente la acompañaba. La guiaba por los pasillos, cuando aún conservaba parte de su visión, y luego buscaba un lugar en la gradería para esperar el final de la jornada.

La natación no hacía parte de sus sueños.

Para su madre, Blanca Herrera, era todo lo contrario. La exdeportista había representado a Colombia y entendía que el deporte era una escuela de disciplina, resiliencia y constancia.

Nunca imaginó que esas enseñanzas terminarían transformando también la vida de su hijo.

La pérdida de la visión cambió su destino

Cuando Brayan tenía 13 años perdió la vista, un hecho que modificó por completo el proyecto de vida que había construido.

Su ilusión era practicar fútbol para personas con discapacidad visual, pero Blanca tenía otra convicción: el agua podía ofrecerle una nueva oportunidad.

No fue una decisión fácil.

Su hijo rechazaba la idea de entrenar natación, pero ella insistió una y otra vez. Lo llevó nuevamente a la piscina, lo esperó en cada práctica y estuvo presente en los momentos de frustración, cuando el cansancio parecía más fuerte que las ganas de continuar.

«Usted puede, siga«, era la frase que repetía con frecuencia.

No necesitaba largos discursos. Sabía exactamente lo que siente un deportista cuando el cuerpo parece no responder.

Del rechazo al éxito internacional

Brayan comenzó a entrenar casi para cumplir el deseo de su mamá.

Sin embargo, con el paso de los meses encontró en la piscina mucho más que un escenario deportivo: descubrió un espacio donde podía sentirse libre y superar los límites que le imponía la discapacidad visual.

El cambio fue sorprendente.

Apenas dos años después se coronó campeón mundial juvenil y comenzó una carrera que lo llevaría a representar a Colombia en cuatro ediciones de los Juegos Paralímpicos.

Hoy es considerado uno de los principales referentes de la paranatación colombiana gracias a una trayectoria construida con disciplina, sacrificio y constancia.

La mujer que nunca dejó de creer

Aunque Blanca Herrera dejó de competir hace varios años debido a una lesión, continúa acompañando a su hijo desde las tribunas.

En cada competencia revive la emoción de aquellos primeros entrenamientos. Escucha la salida, imagina cada brazada y espera con ansiedad el instante en que Brayan toca la pared para completar la prueba.

Entonces sonríe.

Porque entiende que su insistencia nunca tuvo como objetivo formar un campeón.

Su verdadero propósito era ayudar a su hijo a encontrar un lugar donde pudiera creer nuevamente en sí mismo.

Y lo logró.