La fiebre de las redes sociales ha llevado a que muchas personas vivan pendientes a cada instante de lo que allí se publica, y la información que ofrecen los contenidos se toma como fiel, sin que ella atienda al rigor que debe tener una publicación para hacerla seria y veraz.
Con la ayuda de la inteligencia artificial, aparecen los personajes que son noticia, no solo actuando, sino emitiendo declaraciones que resultan ser adaptaciones hechas por las herramientas tecnológicas (como ocurre diariamente con el papa, o Trump, o cualquier personaje popular, en donde los ponen a hablar y hasta bailar) lo que hace que los incautos de inmediato las asimilen y las repliquen como ciertas, cuando solo se trata de auténticos “embuchados”.
Esta es la razón por la cual el mundo vive desinformado, digiriendo información errática, y muchas veces tomando decisiones sobre noticias que no tienen sustento y que nadie ha emitido de manera oficial. El llamado “oso” suele asistir a muchas personas en todo tipo de reuniones, o al emitir opiniones por cualquier medio, basados en falsedades acomodadas como verdades, con el objeto de desinformar y en la mayoría de los casos con el ánimo de causar daño.
Lo acabamos de contemplar con una información en donde se emitían unas declaraciones de Nicolás Maduro en las cuales reconocía que abandonaba el poder y dejaba una serie de consideraciones. ¡Falso! Ningún medio serio la acogió, pero las redes reventaron con los más diversos contenidos sobre el abandono del poder por parte del dictador venezolano.
Esto nos lleva a pensar, que cada vez tiene más vigencia la presencia de la prensa tradicional, pues esos medios sí verifican antes de publicar, lo que nos lleva a los precavidos a confrontar una información con lo que diga El Tiempo, El Espectador, Vanguardia, El Universal, La Opinión, El País, El Colombiano o El Nuevo Día, para mencionar sólo algunos de los periódicos serios a los que es muy difícil meterles un entramado.
Los periódicos ofrecen además el placer de subrayar, de recortar la noticia, de escanearla directamente y replicarla como contenido veraz, además de guardarla a la mano para posteriores consultas.
Los medios virtuales sin duda son ágiles, pero en buena parte no son confiables, y todos aquellos afiebrados por la tecnología, en materia de información, viven casi siempre en otra órbita que no es la de la veracidad.
Los que se quedaron sentados esperando la transmisión de la salida de Maduro de la casa presidencial, hicieron el ridículo, por no haber confrontado esa noticia con los periódicos, revistas y emisoras tradicionales. Algunos dirán que esto lo escribe un retrógrado, pero por fortuna, un precavido con la información.
Foto y noticias de Colprensa