Lo que comenzó como la necesidad de encontrar un sustento para ayudar a su familia terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy genera empleo para cinco personas. Esa es la historia de Johan Leonardo Giraldo Villegas, un zapatero del Paseo Bolívar que encontró en este oficio no solo una profesión, sino un proyecto de vida.

Nacido en el barrio Caicedo, en la comuna 9 de Medellín, Johan migró siendo adolescente hacia La Guajira con la esperanza de mejorar la situación económica de su hogar. Allí terminó el bachillerato mientras trabajaba en una tienda y comenzó estudios de Gestión Empresarial en el SENA.

Sin embargo, las amenazas y las extorsiones que enfrentó en ese departamento lo obligaron a regresar a Medellín para comenzar de nuevo.

Un encuentro que cambió su vida

Su destino cambió cuando conoció a Luis Eduardo Quinchía, un zapatero que trabajaba en uno de los módulos del Paseo Bolívar, en el centro de Medellín.

Aunque al principio recibió una respuesta negativa, insistió hasta conseguir una oportunidad para ayudar en el taller. Poco a poco aprendió el oficio, desde las reparaciones más sencillas hasta trabajos especializados que le permitieron convertirse en uno de los artesanos más reconocidos del sector.

Mientras perfeccionaba la técnica, continuó estudiando en el SENA. Aunque recibió ofertas laborales al terminar su formación, decidió apostarle al emprendimiento.

«Encontré mi vocación. Entendí que no solo quería trabajar reparando zapatos, sino crear una empresa y generar oportunidades para otras personas», recuerda.

De aprendiz a empresario

Tras el fallecimiento de quien fue su maestro, Johan asumió el reto de mantener en funcionamiento el módulo de zapatería.

Con esfuerzo logró consolidar el negocio y actualmente lidera un equipo integrado por cuatro colaboradores, quienes atienden diariamente a decenas de clientes que buscan reparar zapatos, bolsos y artículos de cuero.

El servicio incluye reparaciones urgentes, atención personalizada e incluso trabajos a domicilio, características que le han permitido fidelizar una amplia clientela.

Un oficio que también genera empleo

Además de sostener a su familia, Johan decidió brindar oportunidades a otras personas interesadas en aprender un oficio que, según él, cada vez cuenta con menos relevo generacional.

Uno de ellos es Mateo Melchor, quien asegura que trabajar en el taller representa una oportunidad para preservar una tradición artesanal que poco a poco desaparece.

«Es un oficio que se está perdiendo y queremos mantenerlo vivo», afirma.

Un proyecto de vida

A sus 30 años, Johan asegura que encontró estabilidad gracias a la zapatería. Con el negocio también pudo formar una familia junto a su esposa Johana y su hija Octavia, mientras proyecta nuevos retos relacionados con la reparación de calzado ortopédico y la especialización técnica.

Su meta es seguir creciendo sin abandonar el lugar donde comenzó todo.

«Yo no me veo haciendo otra cosa. Este oficio me permitió salir adelante, ayudar a mi familia y generar empleo para otras personas. Aquí encontré mi proyecto de vida», concluye.