Los resultados electorales dejaron un mensaje político que en Medellín no se puede ignorar. El movimiento Creemos, impulsado por el alcalde Federico Gutiérrez, alcanzó cerca de 227 mil votos, prácticamente la misma cifra obtenida por Daniel Quintero Calle, quien participó con el aval del Movimiento de Autoridades Indígenas de Colombia.
Dos proyectos políticos enfrentados, dos narrativas opuestas… y un resultado electoral prácticamente idéntico.
La lectura política es inevitable. Después de meses de intensa exposición mediática, campañas institucionales y una estrategia comunicacional permanente desde la administración municipal, el llamado “fiquismo” no logró consolidar una mayoría política contundente. Por el contrario, los resultados muestran un escenario mucho más equilibrado de lo que algunos pretendían instalar en la opinión pública.
Durante este primer tramo de gobierno han surgido cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos en estrategias de comunicación, contratación y posicionamiento político, así como críticas por decisiones administrativas y prioridades de gobierno. Mientras desde la Alcaldía se insiste en una narrativa de recuperación institucional, en distintos sectores de la ciudad crece la percepción de que parte importante del esfuerzo gubernamental se ha concentrado en controlar el relato político más que en resolver problemas estructurales de Medellín.
El dato electoral es claro: 227 mil votos. Ese fue el tamaño real del respaldo político del movimiento Creemos en las urnas. No es una cifra menor, pero tampoco representa la hegemonía política que algunos intentaron proyectar desde el poder local.
De cara a las próximas elecciones a la Alcaldía de Medellín, el panorama empieza a perfilarse con mayor claridad. Todo indica que la disputa volverá a darse entre sectores cercanos al Centro Democrático y fuerzas vinculadas al Pacto Histórico, en medio de una oposición cada vez más activa y un electorado que parece dispuesto a pasar factura cuando percibe exceso de propaganda y poca autocrítica en la gestión pública.
La política, al final, siempre termina pasando por las urnas. Y las urnas, esta vez, dejaron un mensaje claro: Medellín sigue políticamente dividida y nadie tiene hoy el monopolio del respaldo ciudadano.

