La norma sismorresistente en Colombia volvió al centro de atención tras el doblete sísmico en Venezuela que se sintió en Cúcuta, Bucaramanga, Medellín y Bogotá. Mientras la UNGRD resaltó que el país ha fortalecido su capacidad de respuesta, la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica (AIS) pidió poner el foco en el mayor vacío: los edificios anteriores a 1984.
UNGRD destaca avances operativos y el papel del reporte ciudadano al SGC
El director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Javier Pava, sostuvo que Colombia cuenta con “mayor capacidad” para atender emergencias asociadas a terremotos, a partir de lecciones aprendidas en eventos anteriores. En su lectura, el reto no es solo institucional sino también de comportamiento social ante un sismo.
Pava insistió en que la preparación ciudadana sigue siendo clave en un país que la UNGRD describe como altamente sísmico por su ubicación y cercanía a múltiples fallas geológicas. La meta, explicó, es que una reacción informada ayude a reducir el pánico y, con ello, los efectos indirectos que agravan una emergencia.
En ese marco, el funcionario destacó el monitoreo del Servicio Geológico Colombiano (SGC) e invitó a reportar cuándo y dónde se sintió un temblor en la plataforma oficial. Ese registro, señaló, contribuye a mapear el impacto del evento y a orientar la gestión del riesgo con datos más precisos.
Norma sismorresistente en Colombia: la alerta de la AIS por lo construido antes de 1984
Desde la AIS, su presidente ejecutivo, Gilberto Areiza, advirtió que Colombia no está “no muy bien” en estadísticas de actualización de edificaciones frente a un sismo de gran magnitud. Según explicó, el principal freno para intervenir estructuras antiguas suele ser económico, lo que dificulta cerrar brechas justo en los inmuebles con mayor incertidumbre técnica.
Areiza trazó una línea normativa: las edificaciones levantadas después de la Ley 400 del 7 de junio de 1984 partieron de estándares más exigentes, con actualizaciones posteriores en 1998 y 2010, hoy consolidadas en la NSR-10. En cambio, en construcciones previas a 1984 el desempeño estructural depende en gran medida de qué tan rigurosa fue la obra en su momento.
Como ejemplo, mencionó el Hospital San Juan de Dios en Cali, una edificación de 1829 que calificó como indispensable y que, según su explicación, no ha podido recibir intervenciones mayores por falta de recursos. En estos casos, el punto de partida técnico es un estudio de vulnerabilidad estructural, que compara el desempeño del inmueble con la norma vigente y define una ruta de rehabilitación.
Areiza recordó además que, bajo la ley colombiana, hospitales, centros de emergencia y otras edificaciones indispensables deben adelantar actualizaciones para asegurar su operación tras un desastre. En el sector residencial privado, en cambio, la decisión de invertir suele quedar en manos de las copropiedades, lo que vuelve disparejo el ritmo de mejoras.
El riesgo también está en la obra: supervisión, concreto y una actualización en discusión
La AIS subrayó que un buen diseño estructural no garantiza por sí solo la resistencia si falla la supervisión técnica durante la construcción. En su concepto, el “talón de Aquiles” aparece con frecuencia en el control de obra, donde un error puede trasladar la vulnerabilidad del papel al edificio terminado.
Entre los fallos críticos, Areiza citó el mal curado del concreto: si se ejecuta de forma deficiente, el material puede perder hasta un 50% de la resistencia prevista en el diseño. Ese deterioro, sostuvo, aumenta la exposición ante movimientos fuertes, incluso cuando el cálculo inicial fue correcto.
En paralelo, la AIS informó que trabaja con el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio en una nueva propuesta para actualizar la norma, con el objetivo de mantener los estándares científicos aplicados a la sismorresistencia. Mientras ese ajuste avanza, la discusión pública volvió a poner el acento en dos frentes: reforzar lo existente y mejorar hábitos de respuesta y prevención.














