La profundidad del terremoto, las condiciones geológicas del terreno y la calidad de las construcciones fueron factores determinantes para explicar por qué un movimiento de magnitud 7,4 no produjo daños generalizados en todo el país, según un análisis de la Universidad Nacional.

El sismo registrado el pasado 10 de agosto de 2026, con una magnitud de 7,4, generó afectaciones en diferentes regiones de Colombia y dejó en evidencia la vulnerabilidad de algunas zonas frente a los movimientos telúricos.

Sin embargo, pese a la magnitud del evento, la destrucción no fue generalizada en todo el territorio nacional. Una de las principales razones está relacionada con la profundidad a la que se produjo la ruptura que originó el terremoto.

Así lo explicó Albeiro Rendón Rivera, ingeniero geólogo y profesor del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad Nacional, en un análisis publicado por la institución.

La profundidad fue determinante

De acuerdo con el especialista, los sismos están relacionados con el movimiento de las placas tectónicas y la acumulación de energía en estructuras geológicas conocidas como fallas.

En el caso de Colombia, la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Suramericana. El movimiento constante entre estas estructuras genera acumulación de energía que, cuando supera la resistencia entre los bloques, puede provocar un terremoto.

Una de las claves para entender los efectos del sismo del 10 de agosto está en su hipocentro, es decir, el punto dentro de la Tierra donde comenzó la ruptura.

Los geólogos clasifican los sismos según la profundidad de su origen:

  • Superficiales: entre 0 y 30 kilómetros.
  • Intermedios: aproximadamente entre 30 y 120 kilómetros.
  • Profundos: por encima de los 120 a 150 kilómetros.

Según Rendón Rivera, el terremoto fue de profundidad intermedia, una característica que influyó en la manera en que la energía se propagó hacia la superficie.

“Este sismo fue intermedio. Por eso, no tenemos destrucción total en el país”, explicó el docente.

El especialista señaló que un movimiento de la misma magnitud, pero ocurrido a una profundidad mucho menor, podría haber generado consecuencias considerablemente más graves en ciudades como Medellín y otras zonas del país.

La magnitud no explica por sí sola los daños

Otro factor fundamental es que la magnitud de un terremoto no determina por sí sola el nivel de destrucción.

Las condiciones geológicas del terreno, la distancia al epicentro, la profundidad del movimiento y, especialmente, las características de las edificaciones influyen directamente en los daños que puede producir un sismo.

La sismorresistencia de las construcciones es uno de los elementos fundamentales para reducir el riesgo de colapso y proteger la vida de quienes se encuentran dentro de las edificaciones.

Una estructura diseñada y construida bajo criterios adecuados puede sufrir daños durante un terremoto, pero tiene mayores posibilidades de evitar un colapso total.

La sismorresistencia también puede aplicarse en viviendas de bajos recursos

El profesor Rendón Rivera hizo énfasis en que la construcción sismorresistente no debería entenderse como una posibilidad exclusiva de las personas con mayores recursos económicos.

Según explicó, existen técnicas de construcción que permiten incorporar elementos básicos de sismorresistencia sin incrementar de manera considerable los costos de una vivienda.

El docente destacó experiencias y materiales desarrollados, entre otras entidades, por el SENA, que incluyen orientaciones para la construcción de viviendas de uno o dos niveles con criterios básicos de seguridad estructural.

Para Rendón Rivera, la prevención debe convertirse en una prioridad antes de que ocurra una emergencia.

“Es mejor invertir un poquito en prevención que no perder todo tu patrimonio”, señaló.

Colombia necesita mantener actualizadas sus normas

El país cuenta con una norma sismorresistente que ha evolucionado a partir de diferentes experiencias y terremotos registrados a lo largo de su historia.

Entre los eventos que contribuyeron al desarrollo de estas normas se encuentra el terremoto de Popayán de 1983.

El profesor Rendón Rivera señaló que la versión vigente de la normativa corresponde a 2010 y consideró que requiere una actualización para responder a las condiciones actuales.

Las redes sociales también pueden generar riesgos después de un sismo

La prevención no termina cuando cesa el movimiento. Según el especialista, después de un terremoto también es importante evitar la desinformación y consultar fuentes oficiales.

Uno de los principales riesgos son los mensajes que pretenden predecir la hora, el lugar o la magnitud de una réplica, algo que actualmente no es posible determinar con precisión desde la geología.

Por esta razón, recomendó consultar información de fuentes oficiales como el Servicio Geológico Colombiano y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).

¿El sismo de Colombia estuvo relacionado con el de Venezuela?

Frente a las dudas sobre una posible relación entre el terremoto registrado en Colombia y el movimiento ocurrido en Venezuela, el análisis de la Universidad Nacional señala que se trató de eventos asociados a contextos diferentes.

En Colombia, el sismo estuvo relacionado con una falla ubicada en una zona más cercana al mar y afectó poblaciones más pequeñas y dispersas. En Venezuela, el movimiento tuvo características diferentes y se produjo directamente bajo la zona de Caracas.

Por ello, ambos eventos no deben interpretarse como un mismo fenómeno sísmico.

El terremoto del 10 de agosto vuelve a poner sobre la mesa la importancia de fortalecer la prevención, mejorar la calidad de las construcciones y garantizar que la ciudadanía tenga acceso a información confiable antes, durante y después de un movimiento telúrico.

Fuente: Universidad Nacional de Colombia.