Colombia. El déficit habitacional en el país registró una reducción en 2025, al pasar de 26,8 % en 2024 a 25,6 %, de acuerdo con la más reciente Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE. La disminución fue más marcada en las zonas rurales, donde el indicador cayó de 61,2 % a 58,6 %.
El resultado se da en un contexto de mejora en algunos indicadores socioeconómicos y de la implementación de políticas públicas orientadas al acceso a vivienda y al mejoramiento de las condiciones de habitabilidad, tanto en áreas urbanas como rurales.
Según los datos oficiales, el déficit cualitativo —relacionado con deficiencias en las condiciones de las viviendas— bajó de 20,0 % en 2024 a 19,3 % en 2025. En zonas rurales, la reducción fue de 40,0 % a 38,9 %. Por su parte, el déficit cuantitativo —que mide la necesidad de nuevas viviendas— pasó de 6,8 % a 6,3 % a nivel nacional, y de 21,2 % a 19,8 % en el campo.
La ministra de Vivienda, Helga María Rivas Ardila, señaló que estos resultados reflejan avances en la política pública del sector y en la meta de reducción del déficit habitacional trazada en el Plan Nacional de Desarrollo.
El comportamiento del indicador también está asociado a factores macroeconómicos como la mejora en los ingresos de los hogares, la reducción de la pobreza —incluida la pobreza multidimensional, que en 2025 se ubicó por debajo del 10 %—, la disminución del desempleo y la estabilidad en variables como el Índice de Costos de Construcción de Edificaciones y las tasas de interés.
Adicionalmente, el Gobierno ha impulsado esquemas de financiación a través de entidades como el Fondo Nacional del Ahorro, Finagro y el Fondo Nacional de Garantías, orientados al mejoramiento de vivienda y a proyectos de autoconstrucción, especialmente en zonas rurales.
Estos resultados también se articulan con estrategias de desarrollo territorial y programas vinculados al acceso a tierra, servicios básicos y formalización de la propiedad, en el marco de iniciativas de desarrollo rural.
Aunque la reducción del déficit habitacional marca una tendencia positiva, el indicador aún refleja brechas importantes, particularmente en las zonas rurales, donde persisten mayores niveles de precariedad en las condiciones de vivienda.

