Colombia y los Países Bajos presentaron el informe final de la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles (TAFF-1), un documento que busca convertirse en una referencia internacional para acelerar el abandono progresivo de estos energéticos y avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles.
El informe reúne aportes de gobiernos, organizaciones y actores de 57 países, y fue entregado oficialmente a la Presidencia de la COP30 como un insumo estratégico para fortalecer los compromisos climáticos globales y promover una transición energética justa.
El documento es el resultado de la conferencia realizada en Santa Marta entre el 24 y el 29 de abril de 2026, encuentro que reunió a representantes de distintas regiones del mundo para discutir acciones concretas frente a la crisis climática y la dependencia de los combustibles fósiles.
Entre los principales acuerdos alcanzados se destaca la creación de una coalición internacional flexible que permita coordinar esfuerzos entre países, así como la definición de rutas de acción para impulsar una transición energética justa, especialmente en las economías del Sur Global.
El informe también plantea la necesidad de transformar los sistemas económicos y financieros que actualmente sostienen la dependencia de los combustibles fósiles y que, según los participantes, limitan el avance de alternativas energéticas sostenibles.
La ministra de Ambiente encargada de Colombia, Irene Vélez, aseguró que la transición energética ya no es una discusión teórica sino una prioridad global respaldada por la evidencia científica y por múltiples sectores sociales.
“La transición para dejar atrás los combustibles fósiles ya no está en discusión ni es una aspiración lejana. Se ha convertido en una agenda global respaldada por la ciencia e impulsada por la sociedad civil”, señaló la funcionaria.
Según el informe, más del 75 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero están relacionadas con el uso de combustibles fósiles. Además, advierte que persisten barreras significativas para acelerar la transición, entre ellas el alto nivel de endeudamiento de muchos países, los elevados costos de financiamiento y la insuficiencia de recursos para desarrollar proyectos energéticos sostenibles.
Como respuesta a estos desafíos, el documento propone fortalecer la cooperación internacional, reformar los mecanismos de financiación climática, alinear políticas públicas y construir hojas de ruta nacionales y regionales basadas en evidencia científica.
Por su parte, la ministra de Política Climática y Crecimiento Verde de los Países Bajos, Stientje van Veldhoven, destacó que los países participantes representan cerca del 30 % de la demanda mundial de energía y alrededor del 20 % de la oferta global, lo que demuestra la relevancia del esfuerzo conjunto.
La funcionaria explicó que el informe servirá como base para futuras discusiones internacionales, incluida la segunda conferencia TAFF, prevista para 2027 y que será copresidida por Tuvalu e Irlanda.
Los organizadores anunciaron que el proceso continuará con tres líneas estratégicas de trabajo: la elaboración de hojas de ruta para la transición energética, la reforma de la arquitectura financiera internacional y la descarbonización del comercio global.
Con estas iniciativas, los países participantes buscan convertir los compromisos climáticos en acciones concretas y acelerar la reducción de emisiones para enfrentar los efectos del cambio climático durante las próximas décadas.


